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27 junio 2011


 Doctora Isabel:

Tengo muchos problemas con mi único hijo, que desde niño fue muy rebelde. Yo vivía con mi esposo, mi suegra y la hermana de ella. Cada vez que mi hijo hacía algo mal, por lo que había que corregirlo, lo levantaba de donde yo lo tenía sentado y le decía “no le hagas caso a tu mamá”, además de hablarle mal de mi. Siempre decía que destruiría mi matrimonio y lo logró.

Mi marido era egoísta y mujeriego y la madre se lo tapaba todo. Yo no tenía salida, pues no tenía trabajo, hasta que pude conseguir una vivienda del gobierno y me divorcié. Me fui a vivir con mi hijo, entonces de 12 años, el cual ya estaba malcriado y maleado por la familia de mi esposo. Era tal la maldad de esta señora, que le echó polvo de sapo a un bistec empanizado que me afectó las articulaciones y no podía caminar. Terminé mi carrera de abogado y trabajaba. Tres años después, me casé de nuevo, pero también fue un fracaso, pues mi hijo era una fuente de problemas indescriptible. Por razones de familia, vine a Estados Unidos y quise traer a mi hijo, que ya era adulto, pero se negó. Le mandé lo que necesitaba para que viviera decentemente. Se ha casado 3 veces, vive de la mujer que tiene ahora y piensa que cuando se divorcie va a venir a vivir conmigo. Yo le digo que trate de que su matrimonio no se vaya a pique. Me ha insultado muchas veces. Qué hago, doctora, lo quiero mucho, pero no puedo con su carácter, un día me dice que me quiere y otro que me odia.

Querida señora:

Tu carta refleja un sin fin de situaciones horrorosas y de disfunción familiar. El envenenamiento que te hicieron con polvo de sapo es una cosa, pero el envenenamiento emocional de tu hijo es el más destructivo. No te pido que no ames a tu hijo, sino que no vivas con él, pues destruirá los años que te quedan. Le dices que ya no puedes ayudarle más, pues estás enferma y que prefieres verlo de vez en cuando y no seguido. Lleguen a un acuerdo de que sólo cuando se sienta bien y tranquilo que te visite. Si en algún momento te sientes atacada por él, llama a la policía. Sé que es tu hijo, pero ya se ha convertido en un hombre abusador y posiblemente con problemas emocionales. Sugiérele que busque ayuda sicológica. Quizás te escuche, pero tú sí tienes que buscarte un lugar donde te sientas protegida y amada. Las iglesias son un buen lugar para comenzar.

Esta carta es de una señora mayor, tiene 71 años. Me gustaría también conocer la opinión de los lectores sobre este tema.

Doctora Isabel

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