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21 septiembre 2010



Doctora Isabel:

Mi esposo y yo nos casamos hace 17 años y vivimos en Venezuela hasta hace dos años y medio, cuando vinimos a Miami. Mi relación matrimonial se fue apagando, pese a que mi esposo siempre me decía que algo nos pasaba y que debíamos buscar alguna ayuda.

Nunca le hice caso y seguí dedicada a mi trabajo. Salía con mis compañeros muy a menudo, y tuve una aventura con un muchacho menor que yo.

Mi esposo descubrió lo ocurrido y sufrió tanto que hasta pensé que se enfermaría. Yo seguí de alguna manera el contacto con aquel muchacho, pues estaba ilusionada; me sentía como de 15 años. Al pasar este tiempo, yo, que no me fijo en detalles, noté que mi esposo estaba muy apegado al celular, y veía movimientos muy extraños. Después de dos años de estar acá regresamos a Venezuela de visita, me encontré con ese muchacho y me dí cuenta de lo que había hecho, había dañado lo más sagrado en mi vida, a mi esposo.

Yo había encontrado algunos mensajes en el celular y eran de una mujer, pero yo andaba en mi mundo. Después de que dejé totalmente mi relación con el muchacho, seguí investigando y descubrí que tenía una aventura con una

muchacha.

Nos sentamos a hablar, nos dijimos muchas cosas y llegamos al acuerdo de que nos amábamos y debíamos retomar nuestro matrimonio.

Así fue y todo iba bien; aunque una, como mujer, jamás deja de pensar que aquello no acabó. Dos días antes del día del padre le encontré dos mensajes muy intensos para esa mujer.

El jura que me ama y que todo fue un gran error. Estoy como loca, y me siento muy deprimida. No dejo de pensar en esa mujer, me paso horas tratando de ver su página en Facebook y ya no puedo cerrar ese círculo, eso me va a enfermar. Lo peor es que, aunque él me diga que no y no encuentre ninguna huella, sé que mantienen contacto. He pensado contactar un investigador privado.

No sé cómo sanar la herida. No me deja en paz esa maldita sombra.

Querida amiga:

No sé si en tu país has escuchado este dicho: El que siembra su maíz, que recoja su pinol. Eso no quiere decir que esto no se pueda arreglar, pero definitivamente ustedes dos están en un mundo de pareja que no está definido.

Primero, tienes realmente que definir si amas o no a tu esposo. Puedo comprender que hayan hablado y llegado a la conclusión de que se quieren. Una cosa es querer y otra es amar. Determinen si quieren volver a comenzar.

La forma en que vives, que es la de una mujer que se ha convertido en una perseguidora, no es buena, emocional ni mentalmente. Si de verdad quieren arreglar esta unión, tienen que comenzar por decidir lo que van a permitirse o no.

Por ejemplo, a lo mejor los dos pueden usar la red social de Facebook, pero como esposos no como solteros. Creo que es maravilloso que se comuniquen, sobre todo cuando tienen amistades y familiares en Venezuela, pero creo que continuar conectando con antiguos amores, no debe ser. No veo por qué los dos no puedan entrar a sus sitios respectivos. Para confiar, hay que ser transparentes.

Con tantas infidelidades, un terapeuta de pareja es recomendable y así evitarán hablar de esto continuamente.

Parte de tu obsesión es porque conoces lo que es ser infiel, y estás imaginándote no sólo lo que él pueda estar haciendo o diciendo, sino que te llevas por tus propios fantasmas.

Buena suerte.

Dra. Isabel

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