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15 febrero 2011


 Doctora Isabel:


Me gusta oírla resolver la cantidad de problemas de la gente, en las familias, en la educación de los hijos, maltratos, abandono, drogas, sexo, en fin. Si todos estos problemas son cada día más frecuentes por la falta de valores y el desprecio a la institución matrimonial, a la familia y a las tradiciones, ¿qué será de nuestros hijos y nietos? ¿Qué será de una sociedad donde se pretende ``normalizar'' ciertas conductas? ¿Qué será de esta sociedad donde hasta pretenden legalizar las drogas?

Mi pregunta no pretende buscar una respuesta para mí, me cuestiono acerca de qué puedo hacer y qué podemos todos a los que nos preocupan estas cosas. Creo que la labor que hace es muy importante para tratar de educar y ayudar a nuestra gente a buscar respuestas y soluciones a esta realidad. ¿Hay algo más que deberíamos estar haciendo para revertir tantos problemas?

Con afecto le saludo y felicito en el nuevo año.

Estimado amigo:

Comprendo tu preocupación, pues es la mía también. Pero al mismo tiempo es mi reto y mi misión. Son muchos los años que tengo en el giro de la sicología y en contacto con familias, jóvenes y niños. Estamos viviendo un mundo donde se cuestiona y la gente se está rebelando contra los principios que la sociedad llevaba como normas.

En los cuarenta y tantos años trabajando con el público, te diré que los problemas son iguales, pero la frecuencia con que ocurren y la falta de responsabilidad de los adultos está en aumento.

Estamos en un mundo donde lo material es más importante que lo espiritual. Que el ganar dinero es más importante que mantener una relación de familia con un compromiso. Que hay que salvar a toda costa la casa, pero no importa perder el hogar.

Un mundo donde la mayoría de los líderes cambian de opinión deliberadamente, dicen hoy una cosa y mañana otra, eso es falta de integridad.

¿Qué podemos hacer tú y yo? Comenzar por sembrar el amor y el buen ejemplo en nuestro hogar. Quizás puede que hayamos cometido errores en el pasado, pero humildemente podemos arrepentirnos y decir: voy a ser diferente, voy a hablar más con mis hijos, con mi pareja. Una cosecha puede ser mala, pero podemos comenzar a sembrar una nueva. Cada día tenemos que sembrar semillas, en nuestros hijos, en el prójimo, en las necesidades que nos rodean. Sembrar no es fácil y el resultado inmediato puede que sea cansancio, sudor y lágrimas pero hay que continuar sembrando. La alegría y el júbilo vienen cuando la siembra da su fruto.

Es importante que también salpiquemos la semilla con amor, esperanza y confianza en Dios. He visto a familias con hijos donde reina el amor y el respeto, aún cuando ellos en su familia original no los tuvieron.

Por eso cuando alguien me dice: doctora, yo la escucho y he tratado de llevar valores a mi familia y estoy viendo el fruto, compruebo que sí se puede cambiar este mundo, si todos ponemos nuestro esfuerzo.

Ayúdame, no te quejes, pon tu granito de arena.

Gracias por escribir.

Dra. Isabel

 

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