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24 octubre 2011


Doctora Isabel:

Mi hijo tiene cinco años y no me hace caso. A veces, además, es grosero conmigo y con las demás personas ¿Qué puedo hacer?

Hola amiga:

Comprendo tu desesperación. Un niño que se comporta grosero contigo y con las otras personas provoca que uno sienta vergüenza de que digan que los padres no saben educarlo correctamente.

Esto comúnmente sucede cuando el niño tiene problemas emocionales o porque no se le corrigió ese comportamiento desde bien pequeño.

Todos los niños comienzan a probar a sus padres cuando quieren tomar sus decisiones y también intentan pasar los límites desde tan pequeños como los dos o tres años. La labor de los padres es enseñarles a sus hijos a distinguir lo bueno de lo malo o de la conducta aceptable y la inaceptable.

Sí, puede ser difícil, si no se comenzó desde temprano, pero no quiere decir que sea imposible.

¿Cómo hacerlo? pues con paciencia y diligencia. Tarde o temprano aprenden. Recuerda que la palabra clave es cómo hacerlo, pero también el tener constancia en la disciplina.

Aquí te van algunas sugerencias:

Miremos la diferencia entre disciplina y castigo. A diferencia del castigo, que tiene consecuencias desagradables, la disciplina es un sistema basado en el reconocimiento de las buenas acciones, dando el ejemplo y ayudando a los hijos a controlar sus conductas e impulsos.

Si se comienza a temprana edad, él empieza a reconocer la diferencia entre obedecer o rebelarse groseramente.

Para evitar problemas debes comenzar por planificar con anticipación. Si el ir a cualquier tienda se te ha convertido en un problema, lo llevas cuando no tenga hambre o cualquier otra necesidad, le dices lo que esperas de él y el resultado de sus buenas acciones. Por ejemplo, vamos al mercado, si te portas bien vas a escoger tu cereal y tus frutas y, si te portas mal nos regresaremos a la casa y reflexionarás en silencio por qué tuvimos que volver.

Elogia sus  buenas conductas y así repetirá las buenas acciones en vez de requerir tu atención con las malas. El ya sabe que cuando se porta mal tú le prestas atención.

Dale opciones para todo. A ellos les gusta ejercer su independencia. En vez de preguntarle ¿qué quieres comer?, por ejemplo, le preguntas ¿quieres un sándwich de pavo y queso o uno de mantequilla de maní y mermelada?

Recuerda que una nalgada no es una opción. Con esto le enseñas que causarle dolor a otras personas está justificado para ejercer el control, incluso a sus seres queridos.

Si no te queda más alternativa que castigarlo, procura que las consecuencias de la penitencia sean naturales y lógicas. Le avisas que si deja regados sus juguetes, tú los recogerás y los guardarás y entonces él no podrá jugar con éstos.

El tiempo adecuado del castigo es un minuto por cada año de edad. El sitio más conveniente, una silla o un escalón donde permanezca sentado. No lo sermonees ni lo obligues a pedir perdón.

Si sigues estas sugerencias convertirás a tu niño malcriado en un amor.

Buena suerte.

Doctora Isabel

 

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