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martes, 09 de junio de 2009

Perspectiva Democrata:

EL OCASO DE GENERAL MOTORS
Por Monica Delta

Esta semana el otrora gigante automotriz General Motors cerró un capítulo de su historia e ingreso a otro: El capítulo de su bancarrota. Que significa este necesario y doloroso paso para Estados Unidos y para la administración del Presidente Obama?. Para el primero, probablemente el final de lo que pudo entenderse como uno de los símbolos del sueño Americano y para el segundo, una decisión realista porque la cosas, como estaban, no podían continuar.
Tras meses de advertencias y amenazas sucedió lo que nadie en los Estados Unidos hubiera querido con General Motors. Ha sido muy duro para los trabajadores  aceptar la reducción de 20,000 puestos en el área de producción, cerrar 14 fabricas, disminuir los tiempos de descanso, eliminar los reajustes en los ingresos, congelación de pagos por varios años  entre otros muchos privilegios para tratar de reinsertarse en un mundo globalmente tan competitivo como es el de la industria del automóvil, en la que Estados Unidos había perdido el paso desde hace mucho, pero había evitado enfrentarlo.
El Presidente Barack Obama tiene un dilema en este asunto. Debe mostrarse pro políticas corporativas de las grandes empresas pero además está obligado a parecer favorable a los trabajadores. Como todo lo que ha venido haciendo desde su inauguración como Presidente, demostrar pragmatismo dentro un marco de perfecto balance. De ninguna manera el Gobierno de Obama debe entrar en el negocio de los carros. El mismo ha dicho, que no lo quiere. Hacia donde se debe dirigir esta intervención gubernamental  es en tratar de poner en los próximos dos a años a la General Motors en manos de inversionistas privados. Esa debe ser la tarea.
Desde el mes de diciembre el Gobierno de Barack Obama ha suministrado casi 20 mil millones de dólares para mantener las fábricas operativas. Además  suministrará otros 30 mil  millones para completar su reestructuración. Lo cierto es que Washington no tenía otra opción. Lo que se espera a cambio es que el Gobierno, que le ha dado un salvavidas con la plata de los contribuyentes, reciba a cambio un 60% de la compañía cuando acabe el proceso. Todos esperamos, como ocurre a veces, en situaciones de crisis que esta industria, le dé la oportunidad a este gran país de lograr recuperar su capacidad de competir en el mundo con carros menos lujosos pero más eficientes, a la altura de las necesidades y los tiempos.

Perspectiva Republicana:

La nacionalización de General Motors es una mala inversión
Por Helen Aguirre


Obama nacionaliza la General Motors El presidente Obama admite la intervención de su gobierno en la empresa General Motors (GM), pero ¿a qué costo para la industria automotriz y para los contribuyentes estadounidenses que ahora son dueños del 60% de dicha empresa? Esa es la pregunta que se deben estar haciendo los dueños y acreedores de Ford y Chrysler quienes amanecieron hoy descubriendo que ahora tienen a Obama de competidor.

Esta decisión distorsiona el mercado libre. Desde este lunes, el gobierno es el dueño, banquero y regulador de GM. Ahora, los fabricantes de automóviles como la Ford, Chrysler, Toyota y otros tienen al gobierno de Obama como competidor. ¿Quién no cree que van a hacer concesiones que favorecen a los productos de GM por encima de los otros para salvar, si se puede, esta inversión de mas de $50 mil millones? Ciertamente los chinos no se lo creen y han dejado de comprar la deuda de Estados Unidos, actualmente tienen el 10%, porque desconfían de la astucia de Obama con sus alocadas teorías Keynesianas que nunca funcionaron como lo prescrito. Mejor hubiese sido dejar que GM se acogiera a la protección del Capítulo 11 de bancarrota, como otras compañías en igualdad de circunstancias, y que el mercado se encargase de la solución óptima. En total, han anunciado el despido de más de 20 mil empleados cerrando 17 fábricas en varios estados.

Penosamente, el efecto neto de este “rescate” es la nacionalización de la compañía. Dice el presidente que él no desea que el gobierno maneje la empresa, ¿entonces por qué comprar el 60% de la compañía? Para salvar uno de los baluartes de este gobierno, el poderoso sindicato United Auto Workers (UAW), quienes se adueñan del 18% de la empresa. Y su influencia ya se deja sentir. Según el Washington Post, una de las condiciones de la venta de la división Opel de la GM a compradores europeos es que no pueden exportar estos carros chicos y eficientes en el consumo de gasolina a los Estados Unidos. Esto hace poco por disimular una nueva era de proteccionismo.

Dice Obama que su gobierno no interferirá en la restructuración y manejo diario de su nueva empresa pero eso no es cierto. Reemplazaron al ejecutivo anterior Rick Wagoner a pesar de que se le sigue pagando el sueldo y aprobaron a Fritz Henderson como el nuevo CEO. GM no ha tenido ganancias desde el 2004 y según los documentos de bancarrota obtenidos por la prensa tiene $82 mil millones en bienes pero $172 mil millones en deudas. Producen autos que no caben dentro del gusto, preferencias y limitaciones del mercado que pretenden servir.

Por eso es que las instituciones financieras dejaron de prestarles más dinero porque sabían que era un desperdicio. La quiebra de GM es la más grande en la historia del país, algo que se reconoce con tristeza. Era tan grande y respetada que se decía que “según va la GM, así va el país”. Si esto sigue siendo cierto, augura muy mal para los Estados Unidos.

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