¿Tiene la corte derecho a imponerse sobre los deseos de los padres en el caso de tratamiento médico?
Perspectiva Republicana:
El caso de Daniel Hauser
Por Helen Aguirre
Muchas son las víctimas del cáncer y el caso de Daniel Hauser lo demuestra de manera particularmente dramática.
Con sólo trece años, Daniel es diagnosticado con Hodgkins Linfoma que requiere quimioterapia para aumentar las posibilidades de vencer la enfermedad. Después de la primera cita, los padres suspenden el tratamiento alegando un conflicto irreconciliable con sus creencias religiosas. Aunque raro, no es el primer caso de este tipo. Lo más curioso es que la familia Hauser es Católica. Lo que ocurre es que la madre de Daniel descubre a través del Internet una secta religiosa que le recomienda tratamientos de medicina alternativa que lastiman menos pero prometen menos también.
Los padres de Hauser creen que tienen la opción de decidir cuál es el mejor remedio para su hijo, pero las autoridades lo ven de otra manera; obligan al niño a seguir con el tratamiento. < /SPAN>Desesperada, la madre se da a la fuga con el hijo. De ahí se desata un guión de telenovela algo cursi sino fuera que la vida de un niño está en juego.
¿Debe un juez tener potestad sobre un menor por encima de los deseos de los padres? En términos generales, objeto la intervención estatal en asuntos familiares, pero todo no siempre es tan blanco y negro. La vida de una criatura está en juego. Nadie duda que los padres adoren a su hijo. No obstante, él necesita un cuidado muy especial que, a pesar de que no ofrece garantía de cura, es la mejor forma de cura conocida, según las autoridades médicas a nivel internacional.
Lo más objetable son estas “clínicas” de medicina alternativa, algunas sumamente lucrativas, que se aprovechan de personas desesperadas como los Hauser en busca de un milagro a sabiendas de que en cuanto a la salud y la medicina, nada es seguro.
Esto no es una condena a la medicina alternativa, todo lo contrario, puede tener muchos beneficios. Lo que ocurre es que no es regulada en lo más mínimo y mucho se promete con muy pocas pruebas. En parte es porque los que abogan por la medicina tradicional poco se hablan con los que abogan por tratamientos alternativos. ¿No es posible que pueden convivir y ayudarse mutuamente para aliviar los daños que ocurren a veces con el tratamiento tradicional? Eso es quizás lo que buscaban evitar los padres del niño Daniel. El que haya visto la quimioterapia de cerca sabe que los beneficios vienen a costa de muchos malestares. Por eso algunos estados aprueban el uso de la marihuana por motivos medicinales para contrarrestar la nausea, entre otras cosas.
A lo mejor Daniel puede vencer su cáncer; Dios lo quiera. La corte hizo lo correcto en exigir el tratamiento por encima de los deseos paternales. Es por el bien del jovencito. Lástima que llegó a ese punto, él debe estar más asustado por el proceso legal y la fuga que por el propio cáncer. Sería también oportuno conocer un poco más sobre la secta de medicina alternativa que tal vez alentó a la señora Hauser a tomar una medida tan dramática y terrible para su familia. Si le vendieron un argumento falso sobre la perspectiva de cura para su hijo deberían de ser denunciados, especialmente si es por negocio. Jugar con los sentimientos y una vida inocente tiene sus consecuencias.
Perspectiva Democrata:
“Nuestros hijos no son hijos nuestros"
Por Monica Delta
“Nuestros hijos no son hijos nuestros, son hijos e hijas de la vida” decía un renombrado escritor. Y es verdad. El caso del pequeño Daniel quien a sus cortos trece años enfrenta no sólo la crueldad de una enfermedad como el cáncer, sino, además, los ‘dilemas y creencias religiosas” de sus padres, nos obliga a reflexionar sobre una decisión de las autoridades sobre el mandato materno.
Resulta que Daniel Hauser ha sido diagnosticado con un tipo de cáncer de sangre que debe ser enfrentado con quimioterapia en su etapa inicial para combatir, con eficiencia, esa temible enfermedad. Sus padres, Católicos, decidieron someterlo a un tipo de medicina alternativa sobre la cual ‘investigaron’ a través de la internet. La pregunta que nos hacemos es ¿hasta qué punto tenemos derecho como progenitores a desafiar a la ciencia en situaciones que afectan directamente la salud de nuestros hijos, mas allá de nuestro amor, dolor y convencimiento sobre el método a seguir? Estamos emocionalmente fuertes como para decidir en circunstancias tan perversas como cuando un hijo nuestro se enfrenta a la posibilidad de morir?
Aunque es un tema complejo y por supuesto no está en discusión el amor a los hijos, que generalmente es infinito e incondicional, si creemos que hay situaciones, como la de Daniel, en la que los representantes de un Estado o de una Corte de Justicia, pueden fallar en contra de la decisión de los padres, siempre y cuando, se esté poniendo en ‘serio peligro” la posibilidad de recuperación del hijo.
Este ha sido precisamente el caso que hoy invitamos a discutir. Nadie está libre de alguna situación de esta naturaleza, en la que la desesperación por ‘lo milagroso” nos puede conducir a lo peor. Es, en esos momentos, donde entidades tutelares, que prevalecen sobre la emoción, pueden y deben actuar. En este caso, coincido con mi compañera de Blog. La Corte hizo lo correcto. Más allá de todo, esperamos que Dios ilumine a los que tendrán a su cargo el tratamiento médico de Danielito y le den la posibilidad de seguir disfrutando de la vida.
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